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Limpieza de piedras y cristales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Limpieza de piedras y cristales

Las piedras y cristales son usadas muchas veces, en rituales,  hechizos y terapias curativas.  Debido a ello es necesario proporcionar la adecuada limpieza y mantenimiento con el fin de que no se deterioren o incluso pierdan su eficacia..

Es importante observar que existe  dos tipos de limpieza: La  física o material (especialmente cuando la recogemos de su entorno natural), y el aseo energético, o vibradonal (luego de una sesión compleja de terapia o meditación).

 

La limpieza exterior de los cristales y piedras

El aseo externo, meramente físico, puede adoptar dos formas diferentes: un lavado periódico, relativamente superficial, para mantener intacta la belleza y el brillo, especialmente en cristales y gemas lapidadas o pulidas, y una limpieza más profunda y cuidadosa cuando se las incorpora por primera vez al grupo, sobre todo si se las ha recogido de su entorno natural.

El primer caso es, obviamente, el más sencillo, ya que sólo se reduce a eliminar manualmente el polvo que haya podido depositarse sobre ellas por no haberse utilizado durante algún tiempo. Para este proceso, lo ideal es utilizar un género seco, de fibras vegetales (preferiblemente hilo o algodón sin mezclas sintéticas), cuidando de no frotarlas demasiado, para evitar la generación de corrientes estáticas que pudieran alterar sus características energéticas y vibracionales.

Para asegurarse completamente de la ausencia de estas comentes estáticas, al término de la limpieza se puede apoyar ligeramente la piedra sobre una pieza metálica (de ser factible empotrada en el piso o una pared, como una canilla), con lo cual desaparecerá instantáneamente cualquier diferencia de potencial que pudiera haberse generado en el proceso.

Algunos autores recomiendan el lavado periódico de las piedras con agua de lluvia o de pozo, pero aquí se debe tomar una precaución fundamental: jamás, desde ningún punto de vista, se debe mojar un cristal inmediatamente después de una sesión de terapia o meditación, ya que con frecuencia sus vibraciones internas generan temperaturas que, si bien no son demasiado elevadas, pueden provocar la fractura por enfriamiento súbito.

El segundo caso resulta sumamente importante en piedras y cristales que se obtienen en su medio ambiente natural, o en minas y socavones, y requieren la remojón de partículas extrañas' como arena, barro, musgos y liqúenes, y -lo que es más difícil aún- restos de los lechos de tosca o rocas sedimentarias en que estaban atrapados.

Los primeros pasos de esta limpieza, es decir la remoción de materiales solubles en agua, o que no están excesivamente adheridos, son relativamente sencillos, ya que pueden efectuarse con agua corriente y un cepillo de cerdas no demasiado duras; sin embargo, es preciso tener cuidado de no cepillar o frotar las piedras con demasiada energía, ya que la fricción puede alterar las estructuras moleculares cristalinas, modifi-cando así las características vibracionales de la piedra y, en consecuencia, sus efectos terapéuticos.

Una vez liberada la piedra de los restos más fáciles de desprender, resta aún la ultima etapa, que resulta algo más compleja, ya que los trozos de rocas y otros minerales que han permanecido adheridos a los cristales durante siglos resultan bastante difíciles de remover, y se hace preciso recurrir a medios mecánicos, no siempre fáciles de controlar..

Como regla general básica, cabe destacar que no se deben utilizar jamás herramientas de un material cuya dureza en la escala de Moss sea superior a la del cristal que estamos tratando de limpiar, ya que de esa forma se corre el riesgo de rayar la superficie. En caso de duda sobre la dureza de un material, se debe recurrir a un texto de mineralogía, o requerir ayuda de un experto.

En esta categoría de instrumentos peligrosos se incluyen casi todas las herramientas metálicas de filo y corte, ya que, sin conocer el acero de que están hechos, su dureza resulta muy difícil de evaluar; para evitar este problema, se recomienda utilizar utensilios no-metálicos, como cuchillos y raederas de cerámica o materiales sintéticos, extremando la precaución al remover los restos más cercanos a la piedra. En última instancia, es preferible no tratar de limpiar los restos más rebeldes, o encargar el trabajo a un lapidador especializado.

 

Aseo y mantenimiento energético

Existen muchos factores contaminantes que disminuyen o impiden, en ocasiones definitivamente, a los cristales, desarrollar su potencial terapéutico o meditativo; si bien el efecto nocivo es siempre el mismo (una alteración en el ritmo vibratorio, o isocronía, de las estructuras cristalinas internas), estos factores de contaminación pueden dividirse a grandes rasgos en dos categorías, según las causas que los provocan: los originados durante las sesiones de terapia o meditación, y los generados por alteraciones al medio ambiente. Analizaremos en primer lugar los principales agentes contaminantes y la posible prevención de sus efectos, para pasar luego a los métodos de limpieza energética más efectivos y sencillos.

En el primero de los casos -el agotamiento o extenuación durante las sesiones de terapia o meditación- el factor nocivo está dado por las energías negativas emanadas por el paciente; sin embargo, esto debe considerarse, hasta cierto punto, como una consecuencia natural, ya que la función de los cristales es, precisamente, extraer de los cuerpos sutiles del paciente las vibraciones negativas (desaliento, depresión, odio, ira, temor, envidia, tristeza, despecho, presiones, etc.), de las cuales muchas veces no pueden liberarse por sí solos. Obviamente, no existe un mecanismo de prevención contra este tipo de contaminación, pero sí resulta uno de los más sencillos de eliminar mediante un aseo energético adecuado.

Entre los factores contaminantes ambientales se pueden destacar los siguientes:

La polución electrónica y/o eléctrica, provocada por la generación de campos magnéticos en distintos lugares de la casa, el estudio o la oficina, y que resulta inde-tectable para el ser humano mediante sus sentidos corporales. Estos campos magnéticos se generan a partir de una diferencia de potencial (corriente eléctrica) fluyendo a lo largo del cableado domiciliario, o a través de los circuitos de los artefactos del hogar.

Las principales fuentes de este tipo de polución son los resistores y termostatos de planchas y calefactores de cuarzo, las potentes descargas de electricidad estática emitidas por los receptores de TV en el instante en que se encienden, las perforadoras y lijadoras eléctricas, las videocasseteras en sus funciones de avance y retroceso rápido, los motores y compresores de las heladeras y freezers al arrancar, e incluso aunque en menor grado, las bajadas de antena de los canales de cable. Una variante de estos agentes contaminadores son las radiaciones electromagnéticas, cuyos efectos son similares, pero sus campos se generan a partir, no de cables ni circuitos, sino de ondas transmitidas por aire, como las portadoras y subportadoras de los equipos de TV, AM y FM. La prevención contra este tipo de polución es sencilla: basta con ubicar nuestras piedras lo más lejos posible de estos agentes contaminantes, y, preferentemente, en un lugar que permita la descarga a tierra de estas energías nocivas, como el interior de una maceta.

También la polución sonora, como resultado de ruidos demasiado fuertes durante un tiempo relativamente prolongado, resulta un factor deletéreo para nuestros cristales. Evite colocar sus piedras demasiado cerca de los parlantes de un equipo de audio o TV, o en los antepechos de ventanas abiertas a calles de mucho tránsito, especialmente aquéllas por la que circulan frecuentemente servicios de urgencia, como bomberos, ambulancias y móviles policiales, cuyas sirenas, junto a los escapes sin silenciador, y las alarmas antirrobo de los automóviles, son las principales fuentes de polución sonora en las grandes ciudades.

Con respecto a los "síntomas" de agotamiento o contaminación que pueden llegar a presentar nuestros cristales, no siempre resultan de fácil detección para el recién iniciado, pero a medida que tratamos con ellos, aprendemos a reconocer los indicios que nos ofrecen y a aplicar la solución adecuada.

Uno de los indicios más evidentes es el brillo de las facetas o superficies, sobre todo en los minerales pulidos, que se tornan opacos y marchitos, como los ojos de un niño con fiebre; si la opacidad no desaparece con una limpieza externa, es una señal evidente de una contaminación energética en proceso.

.Otro indicio es la disminución, o incluso la pérdida de su potencialidad terapéutica, pero esto requiere un largo contacto con una misma piedra, y haber trabajado mucho con ella, hasta llegar a conocer a fondo sus posibilidades y características.

En cualquiera de los dos casos mencionados, una comprobación interesante para confirmar o descartar los síntomas de agotamiento o contaminación, consiste en colocarel cristal sobre el chakra Ajna, y complementarlo con una drusa pequeña de amatista sobre el plexo laríngeo, para inducir una comunicación más fluida con él.

Poco a poco, su influencia guiará nuestra intuición, y de allí en más estaremos en condiciones de evaluar su estado de agotamiento en cualquier momento.

Con respecto a la limpieza en sí de los cristales, una vez determinado su estado, existen varios métodos, sencillos, y sin demasiados requerimientos. Uno de estos métodos -quizás el más simple, aunque sólo rinde efectos óptimos en casos de contaminaciones no muy graves- consiste en dejarlos al aire libre durante 48 o 72 horas, (no menos de 24), cuidando que reciban la luz directa del sol y la luna durante el mayor tiempo posible. No es recomendable utilizar la parte interior de ventanas y tragaluces, a menos que puedan dejarse abiertos, ya que los cristales filtran gran parte del espectro lumínico procedente del sol o la luna, como, por ejemplo, los rayos ultravioletas.

Otro método sencillo consiste en sumergir los cristales en agua saturada con sal marina durante dos o tres días, y luego secarlos con un paño de fibras naturales, que puede ser de hilo o algodón. Si bien los mejores resultados se obtienen con agua de mar natural, si no se dispone de ella se puede utilizar sal marina gruesa, del tipo de la que se puede adquirir en las casas de comida naturista. Las proporciones de sal y agua varían de acuerdo con muchos factores, que deberán ir descubriéndose con el tiempo, y especialmente a medida que la relación entre el terapeuta y la piedra se haga más fluida; sin embargo, para las primeras experiencias, se puede partir de una relación de una taza de sal (250 gramos) para un litro de agua, dejando la piedra sumergida durante no menos de 12 a 24 horas. Si bien algunos autores sostienen que se pueden purificar varias piedras en el mismo recipiente, la experiencia indica que conviene hacerlo en envases separados, manteniendo la misma proporción de sal y agua.

Una variante ideal para este método del agua, aunque lleva algo más de tiempo, y no siempre es accesible, consiste en sumergir las piedras durante algunos días en algún arroyo o vertiente de montaña, aunque tomando las debidas precauciones para que no sean arrastradas por el agua. Tanto en este procedimiento, como en todos los demás en que deban secarse las piedras, debe tratar de hacerse bajo la luz directa del sol, o en caso contrario, mediante un paño de hilo o algodón, y nunca de lana, toalla o materiales sintéticos, ya que éstos generan electricidad estática, que puede interferir con las vibraciones armónicas de los cristales.

Una combinación ideal de los métodos de la sal marina y el agua de vertiente puede practicarse cuando se realizan viajes de recolección de cristales, ya que en la mayoría de los lugares donde abundan las piedras suele haber gran cantidad de arroyos y vertientes de agua surgente, y si se tiene la precaución de llevar con uno algunos paquetes de sal marina gruesa, se pueden efectuar las primeras limpiezas físicas y energéticas en el mismo lugar de recolección.

También la Madre Tierra resulta un excelente purificador para nuestras piedras, ya que en ella se han originado y evolucionado hasta llegar a nuestras manos. Entierre los cristales contaminados durante una semana (no menos de 2 días), en tierra floja y ligeramente humedecida, y al cabo de ese tiempo compruebe si se ha purificado; si es así lávela como se ha indicado previamente, y estará lista para ser utilizada de nuevo.

Como puede verse, todos estos métodos son sistemas purificadores naturales, basados en las energías positivas de los elementos de la Naturaleza. Sin embargo, todos ellos requieren cierto tiempo para causar sus efectos; en caso de no disponerse de ese tiempo, existe otro sistema de limpieza más rápida, aunque limitado a terapeutas ya más experimentados: consiste en utilizar nuestra propia energía vital, visualizandodurante una sesión de meditación un Rayo Blanco -suma de toda la gama cromática-y proyectándolo sobre la piedra, sostenida frente al chakra Ajna.

Durante la concentración se va haciendo rotar lentamente el cristal, hasta haber completado la proyección sobre todas sus facetas, y finalmente se deposita dentro de una drusa de cuarzo durante uno o dos días. La gran ventaja de este método, que con cierta experiencia puede llegar a dominarse rápidamente, reside en que no sólo limpia energéticamente el cristal, sinoque también estrecha el vínculo entre el terapeuta y sus piedras, impregnándolas de su propia esencia personal.

Con respecto a las drusas, y especialmente las geodas, habitualmente no es necesario limpiarlas ni descargarlas energéticamente, ya que la diversificación de la luz reflejada por todas las extremidades de sus cristales de cuarzo generan un campo energético suficientemente potente como para autoabastecerse indefinidamente. Sinembargo, si se llegase a notar que una de ellas necesita atención, cualquiera de 1 métodos generales con agua, sal o sol pueden aplicarse perfectamente..

 

 

 

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